domingo, 30 de marzo de 2014

DOÑITAS ???

PARA LAS "DOÑITAS FASHION" ESTO ES LO QUE TIENEN LOS GUARDIAS NACIONALES EN EL CEREBRO
"Con medios de comunicación haciendo un trabajo tan eficaz en la siembra del odio, ¿qué puede esperarse de quienes los leen? Después de todo, no son esas señoras tan culpables de su insania".
Clodovaldo Hernández

El pasado viernes caminaba por la Rómulo Gallegos y me topé con una pequeña manifestación de mujeres de clase media. Todas tenían pinta de haber estudiado con las monjas y de haberse casado de velo y corona. Me acordé de esas viejas escenas que nos mostraban a los momios chilenos, entre quienes destacaban mujeres de piel blanca con grandes lentes de sol, manifestando contra el comunismo de Allende. Póngale usted aquí un toque de escalofrío.

Las mujeres estaban frente a un automercado gigantesco y tenían unas pancartas muy prolijas, hechas en cartulina, seguramente con la ayuda de sus hijitos e hijitas, reclamando libertad y democracia, pidiendo el cese de la represión. En el momento en que pasé por ahí, las damas se estaban dirigiendo a gritos (póngale usted acá un toque de histeria) a unos guardias nacionales bolivarianos que custodiaban la entrada del enorme local. Malandros, asesinos y monos era lo más barato que les estaban lanzando. Los militares trataban de ignorarlas, tarea difícil, pues algunas de las respetables señoras arrojaban tales ordinarieces por sus lindas boquitas (póngale acá un toque de Estée Lauder o de Clinic) que hubiesen hecho palidecer a una trabajadora sexual como las que salían en las películas de Román Chalbaud en los años 70.

Me detuve unos segundos y vi en las expresiones de las doñitas fashion lo que parecían ser sus sentimientos (algo meramente subjetivo de mi parte, aclaro): rabia, odio, rencor, aborrecimiento, tirria, inquina, desprecio. Imaginé en ese momento (y sigo, ahora) que ese coctel va más allá de los guardias nacionales bolivarianos y se esparce por el resto de la sociedad nacional bolivariana, es decir por el pueblo que no es de la clase media alta antichavista furibunda.Póngale acá un toque de indignación.

Seguí mi camino, pues esas emociones son contagiosas y tóxicas. Uno se queda un minuto más de lo debido y queda con el alma sucia. Me hundí en una música que llevaba en el iPod, un genial invento. Póngale acá un punto al capitalismo.

Llegué a mi oficina, encendí la computadora, revisé la prensa del día. Vi una caricatura en la que un agente antimotines de la Guardia Nacional Bolivariana aparece con sus equipos defensivos (chaleco antibalas, lentes, casco) y, gracias a un efecto de imaginaria tomografía, dentro del cráneo, en el lugar donde debía estar el cerebro, se observa una enorme rata negra y peluda. Póngale usted acá un toque de Ruanda, ese país donde dos emisoras de radio desataron una guerra civil a punta de convocar a los miembros de una etnia a matar a los otros, llamándolos “cucarachas”.

La pieza “artística” me hace recapacitar con respecto a las doñitas fashion que les gritaban improperios a los guardias -y por extensión a todos los pobres- frente al gran automercado. Me digo que con medios de comunicación haciendo un trabajo tan eficaz en la siembra del odio, ¿qué puede esperarse de quienes los leen? Después de todo, no son esas señoras tan culpables de su insania. Póngale usted acá un toque de lástima.

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